OPINIóN:

#LeyApóstata: Cristo edifica su iglesia, no el Estado, por Christian Rosas.

Para el vocero del colectivo Con Mis Hijos No te Metas, la propuesta de ley presentada por congresistas de PPK pretende una rendición total de la libertad de conciencia y religión ante el gobierno de turno.

La Resistencia


Redacción La Resistencia
2018-09-27 09:27:30


 
El congresista Moisés Guía Pianto, junto al Concilio Nacional Evangélico del Perú (CONEP) y la Unión de Iglesias Cristianas Evangélicas del Perú (UNICEP), respaldado por Carlos Bruce y Mercedes Araoz han propuesto agregar un artículo a la Ley 29635, Ley de Libertad Religiosa, que prohibiría: “las prácticas autoritarias, abusivas, discriminatorias y contrarias a los derechos de las personas, así como actividades de proselitismo político. Su establecimiento y autorización se rige conforme al reglamento de la presente ley”.
 
Esta aparentemente inofensiva modificación realmente pretende esconder una rendición total de la libertad de conciencia y religión ante el altar del gobierno de turno. Una propuesta que evidencia una enmienda al pasaje bíblico que versa: “Cristo edifica su iglesia” por El estado edifica la iglesia para este grupo de representantes oficiales.
 
Esta modificación legislativa rendiría nuestra libertad ante la autoridad del Estado para así legalizar y permitir la intervención estatal en el ejercicio religioso de las personas. Este cheque en blanco firmado por los supuestos representantes oficiales de la iglesia evangélica en el Perú al gobierno de turno le faculta determinar lo que se comprende como “prácticas autoritarias”, “prácticas discriminatorias”, “prácticas contrarias a los derechos de las personas” o “actividades de proselitismo político”.
 
Todas estas ponderaciones que pertenecen al individuo por diseño ahora serían trasladadas al estado con alcances teológicos inverosímiles. Esta indebida potestad que se pretende delegar al estado será aprovechada por el gobierno en base a sus inclinaciones ideológicas y conveniencias.
 
Hillary Clinton, quien hace poco promovia una ley para recortar la libertad religiosa por ser “contraria a los derechos de las personas LGTBI pareciera que sí fue escuchada con devoción por el CONEP y UNICEP y obtuvo asidero en el corazón de sus dirigentes. Lo que parecen olvidar es que el autor de nuestra libertad, sea de conciencia, pensamiento, creencia o expresión es Dios y no el estado, todos gozamos estas facultades por diseño y derecho natural.
 
 
Christian Rosas junto a su padre, el parlamentario Julio Rosas, y el presidente del Congreso, Luis Galarreta.
 
No obstante, para este grupo de representantes oficiales de la iglesia evangélica no pareciera existir riesgo alguno en delegar esta potestad al estado. Actúan como si ignoraran toda la historia y consecuencias vividas por los mártires de la verdadera iglesia cuando el estado se asumía conciencia religiosa de los individuos, o en este caso, súbditos. ¡Cuánta falta de discernimiento les hace falta! ¿En qué momento olvidaron la separación de estado e iglesia?
 
La imagen en la cual los presidentes de las instituciones oficiales de la iglesia evangélica, que aspiran vitaliciamente ser reconocidos como los “oficiales”, uniendose para presentar esta modificación legislativa denota ignominia en el mejor de los casos o una complicidad triste que evidencia sus ansias por meterse entre sábanas con el Estado para implorarle justicia (venganza) contra quienes ellos consideran autoritarios, abusivos, discriminadores, etc. en las iglesias evangélicas. ¿Acaso no son conscientes de que con esta hazaña memorable han depositado su confianza en el gobierno más que en el Dios de la Biblia?
 
Aunque suene duro escribir lo siguiente es imperativo expresarlo; la imagen proyectada en la conferencia de prensa grita “desesperación”. Esta desesperación al parecer los ha inducido a cambiar su fuente de confianza, en otras palabras, cegados por la falta de discernimiento y envueltos en el afán del día abandonaron la creencia de que Cristo es quien sigue edificando su iglesia. Buscando agradar a los hombres han olvidado que la amistad con el mundo es enemistad con Dios.
 
El Estado no tiene ninguna potestad para decir qué iglesia es autoritaria, abusiva, discriminatoria, o va contra los derechos de las personas y cuales no. ¿Bajo qué criterio podría determinar la legitimidad de una sobre otras? Quizás algunos entre estas instituciones anhelan ser los consejeros espirituales de este nuevo dios-estado, ante el cual no han reparado sacrificar su conciencia y libertad.
 
No debemos olvidar que la libertad religiosa es precisamente el respeto irrestricto del estado hacia el libre ejercicio de los ciudadanos a elegir la creencia que les parezca (ortodoxa o no).
 
 
 
 
 
 
La libertad religiosa es un derecho de los individuos, no del Estado. El hecho que se ponga a debate y, peor aún, se llegue a reglamentar por el actual Ministerio de Justicia (¡El mismo que rechaza la verdad sobre la identidad humana y promueve la ideología de género!) demuestra lo insensato que resulta poner lo más valioso que tenemos, la conciencia, ante el altar del gobierno. Es darle al Estado lo que únicamente le corresponde a Dios.
 
Cuánta falta nos hace tener presente la valentía de los amigos de Daniel, quienes le replicaron al Rey Nabuconodosor con firmeza y claridad: “No es necesario que te respondamos sobre este asunto.”, cuando se les exigió que adoraran a la estatua que el Rey había construido e instituido como religión oficial en su dominio. Esta declaración sencilla pero precisa de los amigos de Daniel fue la precursora objeción de conciencia ejercida con hidalguía ante la imposición política respecto a la religión oficial.
 
Todos los peruanos tenemos derecho al libre ejercicio de nuestra personalidad, creencia, pensamientos, etc. En el Perú casi todos los miembros de la iglesia sufragan cada elección, eso significa que desde el momento que emiten su voto ya participan en política. Esta participación puede ser responsable o irresponsable, coherente o incoherente.
 
Algunos emiten su voto guiados por la simpatía que ciertos personajes o partidos les transmiten y no motivados para que Dios sea glorificado. Precisamente para evitar un voto irresponsable e incoherente con los valores y principios que los cristianos profesan es necesario que las iglesias pueden orientar a sus feligreses, por ejemplo: a no depositar su confianza en el hombre ni en los partidos políticos, pero sí en los principios eternos de nuestro Señor Jesucristo que puede ser recogido por algunos candidatos o partidos, teniendo presente que este hecho sea consecuente con el testimonio de vida de quien aspira representar estos principios con valor y no solo sea un teatro; ya en más de una ocasión se han aprovechado de la nobleza ajena.
 
Por otro lado, ¿qué del derecho religioso de los llamados “apóstatas”? La libertad religiosa no es solo para los que se rigen bajo la ortodoxia cristiana, es para todos. El Estado no puede ni debe intervenir en asuntos de creencia de las personas porque esto es prerrogativa individual de cada ciudadano libre.
 
No olvidemos que la libertad religiosa ampara también a quienes los cristianos podrían calificar de apóstatas o herejes, es el derecho del ciudadano creer, dejar de creer o cambiar de creencia. El Estado no tiene nada que opinar al respecto. Somos libres por diseño, esta modificación legislativa atenta contra la libertad religiosa, de conciencia, de asociación y opinión.
 
 
 
 
 
 
Hoy más que nunca, ante un Estado que se ha dejado infectar completamente por la ideología de género, dejar que éste asuma la conciencia religiosa de una nación es contrario a todo lo que somos.  El Estado debe respetar la libertad de todos, apóstatas o no, cristianos o ateos, cederle predominio sobre la conciencia, que pertenece al ámbito privado e íntimo del ser humano, sería liberticide.
 
Esta modificación legislativa es semejante a la que derogó el Presidente Trump en los EE.UU. hace poco, una perversa ley que tenía a la gran mayoría de las iglesias en silencio y bajo amenaza de perder su estatus si opinaban y participaban en política. Como si pertenecer a una iglesia signifique la renuncia de nuestros derechos civiles y políticos. Definitivamente, esta propuesta no promueve la libertad religiosa sino la “esclavitud religiosa”. Gracias a Dios que Trump, al llegar al poder, lo primero que hizo fue derogar esta vejatoria Ley (Enmienda Johnson) por orden ejecutiva y recordó que el estado nunca más debe penalizar a los ciudadanos por el libre ejercicio de sus derechos.
 
Personalmente considero que esta aventura de CONEP y UNICEP es un salto al vacío que no los pinta de cuerpo entero, ya antes lo han hecho por sí solos, sino que ahora los ha barnizado para que no quede duda alguna de su postura.
 
¿En qué momento se desviaron tanto estas dos instituciones al punto de aliarse con Carlos Bruce, Mercedes Araoz y Martín Vizcarra? Por allí alguien dijo que es necesario que estas cosas acontezcan. Mientras tanto debemos de recordar y no olvidar que es Cristo quien edifica su iglesia, no el Estado. #LeyApóstata #LiberticidioReligioso
 
 
 
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