OPINIóN:

Daniel Alfaro, digno sucesor de Marilú Martens y la ideología de género

Francisco Ugarteche, periodista pro vida y familia, sobre la continuidad de la ideología de género en la educación peruana a través del ministro Daniel Alfaro.

Fotografía / La Resistencia.


Redacción La Resistencia
2018-07-06 10:15:59


El Ministerio de Educación (Minedu) es el ente rector en materia educativa, dijo el ministro Daniel Alfaro, queriendo fijar límites al cuestionamiento que hacían los congresistas a los libros impresos con dinero público, en los que se altera groseramente la historia del Perú, particularmente en el periodo del terrorismo comunista asesino de Sendero Luminoso y el MRTA y se introducen conceptos típicos de la ideología de género.

Y eso sonaría correcto y muy acertado si lo estuviésemos escuchando de un pedagogo de reconocido prestigio y no de un economista, que por lo visto guarda poca consideración a los pedagogos profesionales.

Para ser profesor, para ser pedagogo, los interesados dedican cinco años de su vida al estudio de las técnicas de enseñanza, estrategias pedagógicas, principios de sicología y el dominio de materias que luego corresponden a las distintas especialidades educativas. Primaria o secundaria, ciencias o letras, física y química o geometría, trigonometría y matemáticas, historia y literatura y en fin, la gran variedad de especialidades educativas, cada una de las cuales demanda el conocimiento de metodologías adecuadas.

Pero un economista, como lo es el ministro Daniel Alfaro, está preparado para opinar respecto a otras especialidades tan o tal vez más importantes como la pedagogía, pero diferente a las competencias de los educadores, de los pedagogos.

Entonces resulta contraproducente que hable de autoridad rectora en materia en educación, donde por ley debe conversar con representantes de los padres de familia, pedagogos, con maestrías y doctorados en educación, que muy pocos trabajadores del ministerio poseen.

El ministro debe considerar que está decidiendo y emitiendo órdenes que más adelante van a repercutir en el destino de millones de peruanos, que atraviesan por la circunstancia de tener que acudir a colegios públicos, escuelas del Estado, en las que no tienen más recursos que aquellos que les alcanza buenamente su ministerio.

Respetos guardan respetos es lo que decía mi abuela y lo que los congresistas demandaron al ministro Alfaro, heredero de dos ministros censurados por la ideología de género, que la mayoría de padres de familia rechaza y condena.

Bajo el lenguaje de “igualdad de derechos para hombres y mujeres”, el Minedu introduce la ideología de género, para decirles luego a los niños de primaria que no importa si nacieron con pene o vagina, que no interesa si son hombres o mujeres, que eso es algo que pueden escoger y después se va construyendo con los años.

Lo que está mal, muy mal, es que los inicien en materia de educación sexual, incluyendo la exploración de sus genitales, como si los niños pudiesen discernir en asuntos que corresponde a adolescentes en proceso de maduración sexual.

La infiltración de la ideología de género en el currículo escolar es algo denunciado mundialmente como parte de una colonización ideológica, advertida por autoridades en materia de ética y moral, que parece son asuntos que no preocupan al gobierno.

Después se rasgan las vestiduras cuando revelan cifras de embarazos adolescentes, de violación de menores de edad, de crímenes bautizados como feminicidios, de violencia sexual.

Lo que menos necesita el gobierno de Martín Vizcarra es una huelga de padres de familia, que salgan a las calles a rechazar nuevamente el abuso de las autoridades, con un currículo escolar infiltrado por una ideología diseñada para ejercer un control de la natalidad, que los peruanos no necesitamos.

Lo último que le puede pasar al precario gobierno de Vizcarra es una interpelación, una censura, un rechazo público a la política educativa ideologizada. El Perú no votó por la ideología de género. No le hagan perder tiempo a un pueblo que está cansado de Odebrecht, de contratos mañosos para obras como el aeropuerto de Chinchero, de rateros coimeros, de lobbys internacionales, de corrupción ideologizada.

No juegue con fuego, señor Daniel Alfaro. Se puede quemar. 

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