OPINIóN:

Los chuponeadores

Francisco Ugarteche, periodista pro vida y familia, sobre el chuponeo como arma política y el peligro que representa para la privacidad de los peruanos.

Fotografía / La Resistencia.


Redacción La Resistencia
2018-07-10 08:41:40


Los “chuponeadores” al igual que los artistas, pueden ser buenos o malos, igual que los políticos útiles o inútiles, igual que los futbolistas unos meten goles y otros autogoles. Depende siempre de qué lado están en relación con el poder.

Y dentro del gremio de chuponeadores están también aquellos que realizan grabaciones subrepticias, como el congresista Mamani que puede ir preso en cualquier momento, no por sus grabaciones sino por  la activación de antiguas denuncias relacionadas con sus empresas.

Depende pues de qué lado están en relación con el poder y si se atreven a motivar una renuncia presidencial. Los pueden aplaudir o mandar a la cárcel.

Si la grabación fue hecha por personajes anónimos y la difundió un programa de la televisión comercial, entonces no hay nada malo. Todo eventual delito de grabación se borra automáticamente, por el interés público que está por encima de los derechos individuales.

Algunos chuponean por disposición de organismos legales, otros lo hacen por su cuenta y gracias a algún generoso auspiciador. Esto ocurre en nuestro país desde hace muchos años y lo malo es que algunos de estos equipos especiales de chuponeo oficial puede haber estado grabando conversaciones no autorizadas y con fines más políticos que por la seguridad nacional.

Constelación es uno de estos equipos de avanzada tecnología, capaz de grabar hasta 300 conversaciones en forma simultánea y se activa cada vez que funciona el teléfono de algún personaje escogido. La  programación prevé que si alguna conversación acaba, inmediatamente busca otra opción, entre los miles de personajes seleccionados y de acuerdo a un rol de preferencias previamente determinado.

Si se activa un número de mayor preferencia, automáticamente deja de grabar el de menor preferencia y así miles de ciudadanos son escuchados, grabados y sus conversaciones archivadas para posibles usos posteriores, cuando el individuo adquiera mayor relevancia o para cuando se juzgue oportuno.

Eso es lo que siempre se ha escucha en los corrillos periodísticos, particularmente de colegas familiarizados con equipos que se ofertan en el mercado a todo precio, desde el pinchazo artesanal, pasando por los escaner y aterrizando en sofisticados aparatos algunos de los cuales son capaces de grabar miles de llamadas en tiempo real. Son los tiempos de George Orwell, los del gran hermano, los del chuponeo general.

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