OPINIóN:

[OPINIÓN] ¿Siervos o soberanos? ¿Súbditos o ciudadanos?

"¿Merece elogio el servidor que sólo cumple el servicio que le ha sido encomendado? No, pues cumplir su deber es lo mínimo que todos esperamos".

Fotografía: El Comercio.


Redacción La Resistencia
2020-03-24 17:12:06


Por Alejandro Muñante

Presidente de la Red Nacional de Abogados por la Defensa de la Familia

 

¿Merece elogio el servidor que sólo cumple el servicio que le ha sido encomendado? No, pues cumplir su deber es lo mínimo que todos esperamos. ¿El servidor es mayor que a quienes presta sus servicios por el sólo hecho de hacerlo? Tampoco, pues el cumplimiento de su deber no conlleva ningún privilegio.

Pues bien, tanto el presidente de la República como los ministros, son servidores de todos nosotros. Sus designaciones devienen de una elección popular directa e indirecta, otorgándoles prerrogativas que ningún otro ciudadano posee para que puedan servirse de ellas en el ejercicio de sus funciones. Funciones específicas que deberán estar encaminadas en la búsqueda del bienestar general, pues ya sabemos el castigo que reciben cuando se sirven de esos recursos para redireccionarlos hacia su beneficio personal. Así pues, el presidente es también llamado mandatario, no porque su función principal sea la de dictar mandatos, sino todo lo contrario, el mandato (encargo) se lo hemos dado nosotros los ciudadanos, quienes somos los mandantes; asimismo, la palabra “ministro” viene del latín minister, que significa sirviente.

Esta forma de entender las relaciones de poder, es un legado del cristianismo en la política y en la función pública actual. Antes, los puestos públicos eran muchas veces conducidos de forma despótica y de manera vertical, algunos considerados de procedencia divina y por derecho de sangre. El monarca o emperador era el soberano, quien no respondía ante nadie por sus decisiones sino simplemente ante su propia conciencia. Pero un día Cristo nos enseñó que “quien quiera ser el primero deberá ser el siervo de todos”, mensaje que inspiró a los gobiernos del mundo occidental a repensar la política.

Sin embargo, hasta ahora vemos que aún persisten esos complejos monárquicos y cuasi dictatoriales en muchos de nuestros representantes, que, creyéndose con una moral superior, pisotean los derechos y libertades de los demás, a quienes no ven como sus semejantes, sino como una masa ignorante a quien hay que reeducar y subyugar. A esos les espera la ruina cavada por su propia arrogancia.

Así que, NO somos súbditos de nuestros gobernantes, somos ciudadanos, y no son ellos ningunos soberanos, sino servidores, y al cumplir su labor no nos hacen un favor, ni tampoco hacen algo extraordinario por lo que deban ser elogiados, sino que simplemente cumplen una obligación. Labor que además debe hacerse de forma correcta, porque tienen a su cargo, nada mas y nada menos que la administración del dinero de todos nosotros los contribuyentes, quienes lo mínimo que esperamos es que esos recursos tengan un buen y provechoso destino. Y con esto no estoy diciendo que no seamos agradecidos, desobedientes, o que desmerezcamos el buen trabajo de nuestros representantes, pero siempre es bueno recordar estas cosas por si alguien se desubica.

A propósito de lo expuesto, les dejo esta muy buena enseñanza bíblica:

“¿Quién de vosotros, teniendo un siervo que ara o apacienta ganado, al volver él del campo, luego le dice: Pasa, siéntate a la mesa? ¿No le dice más bien: Prepárame la cena, cíñete, y sírveme hasta que haya comido y bebido; y después de esto, come y bebe tú? ¿Acaso da gracias al siervo porque hizo lo que se le había mandado? Pienso que no. Así también vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os ha sido ordenado, decid: Siervos inútiles somos, pues lo que debíamos hacer, hicimos.”

San Lucas 17:7-10 . RVR1960

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